Tsk... *va por su diccionario* ¡Sheepish!
Me fui a dormir, a medianoche, me levanté en histeria porque no recordaba la palabra y tras casi irme de frente a besar el suelo, busqué en el diccionario y la repetí para no olvidar. Dormir.
Dos horas después, lo mismo. Adiós sueño raro.
A las cinco de la mañana, tercera vez... No cometí el error correcto: dejé el diccionario en la cama y si bien el despertador cumplió su función, fue más el golpe en la frente con el lomo del libro que otra cosa.
Mierda ¬,¬ ¿Y qué creen? No me puedo aprender la palabra. Es ridículo.
martes, septiembre 23, 2008
viernes, septiembre 19, 2008
Abaratamiento
Me doy cuenta que permanece cuando caí en sueños viendo Memorias de una geisha en Fox y soñé la parte de la guerra más cruenta de lo que incluso el libro trataba.
Ugh, sé que es malo desear desgracias y calamidades, pero si de pronto tiembla en su país, me acuso como causante.
Ugh, sé que es malo desear desgracias y calamidades, pero si de pronto tiembla en su país, me acuso como causante.
jueves, septiembre 18, 2008
Minus
Soñé durante todas las vacaciones lo mismo siempre antes de despertar...
Descansando en mi cama, pero todo se me venía encima. El colchón o la base parecían estar flotando en agua y el bamboleo era detestable; náuseas, yep. Lo feo de todo el asunto es que yacía con terror porque todo con lo que me voy a dormir en vida real [dos almohadas, mis cobijas, una sábana extra, una cobija hecha bulto en la esquina, el ipod, el libro que leo más el diccionario, la botella de agua, un brillo labial, la lámpara de noche, mi Layon -acá el peluche-, el despertador, una revista, una torre de mangas, los zapatos y prendas de ropa, entre varios...] había aumentado en tamaño como cinco veces y sentía que se me venía encima a aplastarme.
Obvio que despertaba con sudor en la frente y el aturdimiento a su máxima expresión. Creo, y puede ser que interprete mal, que me sentía con presión. La sensación general de todo aquello era el miedo total de terminar bajo todo aquello con el ritmo que la cama-barca tenía.
Descansando en mi cama, pero todo se me venía encima. El colchón o la base parecían estar flotando en agua y el bamboleo era detestable; náuseas, yep. Lo feo de todo el asunto es que yacía con terror porque todo con lo que me voy a dormir en vida real [dos almohadas, mis cobijas, una sábana extra, una cobija hecha bulto en la esquina, el ipod, el libro que leo más el diccionario, la botella de agua, un brillo labial, la lámpara de noche, mi Layon -acá el peluche-, el despertador, una revista, una torre de mangas, los zapatos y prendas de ropa, entre varios...] había aumentado en tamaño como cinco veces y sentía que se me venía encima a aplastarme.
Obvio que despertaba con sudor en la frente y el aturdimiento a su máxima expresión. Creo, y puede ser que interprete mal, que me sentía con presión. La sensación general de todo aquello era el miedo total de terminar bajo todo aquello con el ritmo que la cama-barca tenía.
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