jueves, septiembre 18, 2008

Minus

Soñé durante todas las vacaciones lo mismo siempre antes de despertar...

Descansando en mi cama, pero todo se me venía encima. El colchón o la base parecían estar flotando en agua y el bamboleo era detestable; náuseas, yep. Lo feo de todo el asunto es que yacía con terror porque todo con lo que me voy a dormir en vida real [dos almohadas, mis cobijas, una sábana extra, una cobija hecha bulto en la esquina, el ipod, el libro que leo más el diccionario, la botella de agua, un brillo labial, la lámpara de noche, mi Layon -acá el peluche-, el despertador, una revista, una torre de mangas, los zapatos y prendas de ropa, entre varios...] había aumentado en tamaño como cinco veces y sentía que se me venía encima a aplastarme.

Obvio que despertaba con sudor en la frente y el aturdimiento a su máxima expresión. Creo, y puede ser que interprete mal, que me sentía con presión. La sensación general de todo aquello era el miedo total de terminar bajo todo aquello con el ritmo que la cama-barca tenía.

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