domingo, octubre 25, 2009

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Dos sueños de ayer.

El primero fue que encontré de una manera asquerosa que un tío engañaba a mi tía con mi maestra de idiomas. La escena de tornaba terrorífica cuando decidía ignorarlo y me iba a bañar en un baño que estaba en el tercer piso. Era de menos de un metro la zona de la ducha, por lo que pensaba en lo complicado que sería estar de cuclillas; temía que la regadera me diera en la cabeza por mucho que me inclinara. Me estaba desvistiendo cuando por la ventana apareció el rostro de mi maestra y lucía espantosa, como si fuera una mezcla entre banshee y fantasma. Salí corriendo de la casa dispuesta a ir a la mía, pero luego de pronto estaba corriendo en reversa de vuelta a la casa de mi tía. Aunque en vida real hay distintos caminos, yo estaba necia de pasar por enfrente de la casa en mi carrera a otro sitio. Estaba convencida de que tenía que pedir ayuda. Corría como loca por la calle sintiendo como las piernas no me ofrecían apoyo sobre la superficie arenosa, cuando me di cuenta que la maestra y un perro suyo de tamaño monstruo, me perseguían. Cuando doblé en la esquina me topé con R. al que me aferré aterrada. Enseguida de nosotros había un cementerio de mamuts o elefantes, porque cuando la maestra nos alcanzó, se hizo la tonta de que me quería atacar y el perro que iba con ella, desenterraba un enorme hueso aún con sangre y pelo. Llegó alguien más y luego desperté.

El segundo ya no lo recuerdo tan bien. Sólo el detalle de que estaba lloviendo horrores porque venía una tormenta gigante que tenía a la ciudad inundada, más o menos a un nivel de medio metro. Los únicos vehículos que funcionaban eran los camiones de transporte público y era una pesadilla porque iban conducidos por zombies que manejaban del asco. Corría por una de las calles con un compañero de clase con el que casi no hablo y los dos platicabamos que cuando llegaramos a casa, nos íbamos a ir a dormir.

Tsk, no más películas apocalípticas o de terror para mí antes de irme a dormir...

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