jueves, mayo 22, 2008

Pepas de sandía

Y viene un sueño largo y re-fumado que me hace pensar que dormida soy una... Ah.

Estaba en una especie de apartamento común y corriente. Lo que tenía de especial a mi parecer, era que la cocina, la sala y el comer estaban en una misma habitación que era enorme y multi-funcional. Me asomaba al refrigerador porque lo iba a limpiar y me encontraba con una enorme sandía que hacía a mi estómago gruñir. Pasos en la escalera y entran todos los chicos de TH mientras yo corto rebanadas largas que convierto en cuadritos. Oigo el barullo, los zapatos fuera y las sillas moverse mientras se sientan en la mesa y esperan los cuatro platos de madera en la que coloque la porción de cada uno. Es una mesa cuadrada, pero de alguna manera, cabemos los cinco sin problemas. Tom me preguntaba algo de qué iba a hacer en la tarde y mi respuesta era que una compañera de trabajo iba a trabajar ese mismo domingo -era domingo en el sueño- y yo le iba a cuidar a su bebé. Que a las cinco iba a salir y que no me esperaran hasta más tarde. Miraba un punto lejano en donde estaba el sillón y alcanzaba a ver a Bill empujar su cuenco de fruta al suelo y hacer un estropicio tremendo. Rechinando dientes, iba a una de las puertas que estaban al otro lado del cuarto y tras abrirla, encontraba una especie de patio interior donde recogía una escoba, un trapeador y una cubeta. Regresaba y se les extendía espertando que hiciera limpieza. Un diálogo muy de:
-No lo voy a recoger.
-¿Por qué?
-Fue un accidente. -Encogimiento de hombros y enfurruñamiento.
-¿Y porque es un accidente se va a quedar ahí hasta que se seca o se lo coman las moscas y los gusanos? -Silencio y me pongo yo a limpiar.
Voy a la cocina luego de tomar mi plato y tiro el contenido a la basura. Abro la llave del grifo y me dan unas ganas de llorar. Una especie de rabia impotente porque odio sentirme como la criada de los demás y me parece que lo he sido... Alguien me toca entonces el hombro y no puedo asegurar quién es. Me voy a la sala y tomo una bolsa, una especie de trapo con el que me cubro los hombros y salgo por la puerta. Apenas llego a las escaleras, sale Tom y me dice que va a haber disculpas y yo reniego de todo y contra todo. Enfurecida, le señalo el interior y le digo "Largo, ¡Largo ya!" hasta que regresa. Piso el borde de las escaleras y ruedo por todos lados azotando contra el suelo y tragada por las escalinatas en forma de caracol sobre las que desaparezco en lo que tengo certeza son seis pisos y quedo tendida en el rellano y con algo oscuro rodeándome. Las paredes son de piedra gris y a un lado está David Jost que me escucha decir que estoy bien y que no ha pasado nada, pero que cuando me intenta ayudar a levantarme, me dice que tengo la mano rara y me encuentro con la muñeca izquierda rota. Maldigo mi jodida suerte y reculo contra Bill por la fruta tirada y por todo... Luego ya no estoy ahí. Despierto en el sofá, justo en el inicio del sueño y voy al refrigerador de nueva cuenta para encontrar que no hay ninguna sandía, sino una bolsa de croquetas para perro pero que contiene alimento para bebé y que cargo con la mano derecha porque la izquierda es un muñón que no tiene cicatriz. Jalo una de las sillas de la mesa y en lugar de ello, encuentro mi escritorio y mi silla. Igual me colocó en la entrada del departamento y balanceando la bolsa como a un bebé, escucho los pasos, las voces y la puerta se abre de nuevo. Bill dice: "Sandía" y responde, "Ya no".
"Okay" y cuestiono porqué Okay y no Okey como suena O_o

Hablando con E. del sueño, llegué a la conclusión de que semejante cabronada, la de tirar algo que yo hago en la cocina, es afrenta personal y la única persona que me la ha hecho y ha sido mi hermanastro. Jo, lo aborrezco al muy asqueroso... Puf, mi rabia es enorme, pero no nos hablamos en más de dos años y supongo que lo proyecté de algún modo.

Los demás detalles son irrazonables. Ni idea lo del bebé, la sandía, el saco de comida, las escaleras o porqué me caí, pero sí de la cuestión de las manos. Hum, un mes, un jodido mes con dolor en la muñeca derecha y desde entonces uso más la izquierda, que sólo así tolero el dolor. Si me pasa algo en alguna de las dos, algo peor como en el sueño, me sentiré inútil, en serio.

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