De regreso a casa por autobús, paso casi todo el recorrido de norte a sur de la ciudad, pero hay un tramo como de un kilómetro que es de este a oeste y que siempre me da mucho sueño por tener el sol de la tarde de frente a los ojos.
Hoy los cerré y con música de Nevada Tan en los audífonos comencé a soñar...
Pasaba por el campo de fútbol pero no estaba a la izquierda, sino a la derecha y veía con ojos cansados todo lo que estaba ahí. Niños con uniformes en rojo y el equipo contrario en amarillo, que se disputaban una especie de partido amistoso, pero que cuando lo apreciaba mejor, era algo parecido al beisbol. La vista se me cansaba más por el sol, pero antes de poder cerrar los ojos, veía una especie de bola negra avanzar desde el fondo del terreno en dirección a la ventana en donde yo estaba y estrellarse con fuerza en el cristal. De primera impresión supuse que era un balón o la pelota, pero luego se me hizo una especie de pájaro parecido al cuervo. Saltaba un poco del asiento y en el esfuerzo más grande que pude haber realizado, caía en cuenta que habían lanzado un pañal usado... Del asco desperté.
Resulta que el campo no está en esa dirección y yo jamás me siento de ese lado del camión porque cuando vuelve a girar, el sol de la tarde me da en el rostro y me quema. Antes parada que morena.
Total que le tengo fobia a los pájaros y si ya no es como antes que huía apenas los mencionaban, les guardo una cierta repugnancia que me hace estremecerme cada que veo uno acercarse. Lo del pañal, quién sabe... Un sueño es un sueño.
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