domingo, mayo 11, 2008

Pesadilla; ugh.

Ugh, sueño horrible… Por alguna razón, estaba encerrada en una especie de casa vieja o castillo de piedra. Al parecer iba con un grupo pero me había separado de ellos porque andaba lastimada, pero no recuerdo exactamente de donde. Lo que tengo muy presente es que era una especie de construcción de dos pisos, pero la parte inferior no contaba con doble techo, sino que todo estaba bajo la misma cúpula. Un sitio decorado muy exagerado, con objetos antiguos, retratos, antigüedades costosas, relojes de piso, tapetes, vitrinas, colecciones expuestas; cosas por el estilo.
Supuestamente estaba atrapada en ese lugar y acostada en un sillón que estaba en el barandal de las escaleras y casi en los escalones. Todo estaba oscuro, pero la voz de una anciana y un enorme ventanal que estaba en la parte inferior, me dejaban entrever las sombras y que estaba como secuestrada. Según entendí, yo me había quedado rezagada de un grupo de algo y ellos tenían su propia batalla en un castillo que se veía por un enorme ventanal y al que se llegaba cruzando un bosque enorme.
Acostada donde estaba, tenía las piernas como paralizadas y mi urgencia de ir a ver me hicieron rodar por las escaleras y esconderme detrás de un mueble de madera enorme y pesado mientras la vieja me buscaba con una vela y me hacía llamados dulces de que todo iba a ir bien. Muy parecido al cuento de H&G de los Grimm porque pensaba que me quería comer.
Luego tocaban a la puerta y le mujer iba a mirar. Sólo entonces me atrevía a arrastrarme de regreso por las escaleras y con mucho trabajo llegar hasta la parte superior. En cuanto lo hice, pude caminar de nuevo, pero sentía un dolor de cuerpo persistente.
Entonces me percaté de que estaba en mi vieja casa. Para donde se llegaba al piso inferior estaba la cocina y lo superior era el comedor. Incluso cuando cambiaba a la sala, estaban ahí los sillones que teníamos antes y todo igual. Incluso estaba más iluminado y cuando me senté en el reclinable que solíamos tener ahí, parecía de día. Pero si miraba al resto de la construcción, era una oscuridad tremenda.
Luego tocaban a la puerta que estaba ahí y entraba una mujer con tres niñas. Una pequeña, una como de diez y otra como de mi edad. Las tres venían a hacer una compra con la anciana o algo así, pero ésta salía por la puerta y le ponía llave.
Yo pensaba que con un hacha podía partir la madera delgada y salir corriendo, pero entonces la chica más grande me señaló los brazos y manos y me aterroricé cuando me los vi plagados de manchas café como las que salen con los años. Pensaba que había estado mucho tiempo en el sol, pero no era cierto porque siempre me cuido de eso. Luego veía más arriba y con detalle y estaba llena de ampollas parecidas a picaduras. Luego recordé que hay alarma de rubéola y sarampión y que quizá tenía eso. La primera ya me dio, pero la segunda es grave, así que me levantaba y me internaba de nuevo en la parte oscura mientras llamaba a gritos a la anciana. Le pregunté si a ella ya le habían dado esas dos enfermedades y cuando me dijo que no, le supliqué que me dejara irme porque yo traía eso y podía enfermarla. En lugar de preocuparse, soltó una carcajada y con una enorme llave de metal, abrió una especie de hueco en la pared y desapareció.
Regresé a donde estaba la madre con las hijas y la cría más pequeña, que aparentaba unos cinco años, tenía una revista Prabo donde salían Bill, Tom y Bushido en la playa y desnudos. Según lo que leí, aunque ninguna de las palabras las entendía, se les había atrapado en un momento román-tri-coso y me hizo gracia el juego de palabras.
Las dos mayores se burlaron, pero la menor besó la revista y me di cuenta que tenía que estar soñando si la Prabo estaba presente.

Desperté, y por fortuna, ese malestar que tenía en los brazos era por la postura que tenía y que me había causado calambres.

Las partes ciertas son que hay brote de esas enfermedades y por mala pata mía, no me he ido a vacunar. Creo que mis temores al respecto se han manifestado.
El resto de la situación, ni idea, pero me desperté miserable y tristona. También asustada, porque aunque no lo parezca por la narración, estaba muy asustada.

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